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El apego

A lo largo de nuestra vida, establecemos un gran número de vínculos emocionales de distinto tipo. Pero ninguno tan importante como ese primer lazo que los bebés establecen con su figura de cuidado. Un lazo que garantiza su supervivencia.

Llamamos ‘apego’ a la unión afectiva estable y duradera entre un bebé y su cuidador (Marrodán, 2015). En esa unión, el infante aprende que sus necesidades pueden ser satisfechas y que, por tanto, puede confiar en esa persona y sentirse seguro. Ese modelo mental le acompañará a lo largo de su desarrollo, proporcionándole un mapa de cómo interpretarse a sí mismo y lo que le rodea, de qué expectativas crear y de cómo responder a las exigencias del entorno.

Esta peculiar relación va estableciéndose poco a poco a lo largo de las infinitas situaciones en las que adultos y bebés comparten tiempo diariamente. ¿Cuándo empieza a formarse? ¡Desde el momento del nacimiento! Esta es la base sobre la que se va a asentar todos los aprendizajes posteriores de vuestro hijo/a.

Es fundamental crear un apego seguro con nuestro bebé. De esta manera será más probable que goce de un buen desarrollo social, emocional y cognitivo. Los niños con apego seguro muestran seguridad emocional, establecen lazos afectivos saludables, son capaces de explorar el mundo que les rodea y de hacer cosas por sí mismos, pidiendo ayuda si lo necesitan.

Los niños que han sido víctimas de un apego inseguro (y digo víctimas porque un bebé no puede escoger a quién se apega, por lo que es el adulto el responsable de cuidarlo de forma sana) es más probable que sufran desajustes en su desarrollo, que tengan problemas para establecer relaciones con otras personas, que se muestren inseguros o desconfiados y que sean poco autónomos. La huella psicológica de este tipo de apego es muy duradera y difícil de erradicar, sin embargo exponerse a otro tipo de vínculo afectivo más seguro puede ofrecer la oportunidad de explorar nuevas formas de desarrollarse, de ver el mundo y de entender su lugar en él. Esta experiencia puede convertirse en una herramienta “reparadora” del vínculo de apego.

¿Cómo favorecer un apego seguro?

  • Mostraos disponibles. Tiene que saber que cuando necesite algo vais a responder a ello, sea lo que sea.
  • Permaneced cerca. Esto no significa estar siempre a su lado, pero sí pasar tiempo con él mucho rato todos los días
  • Acompañadle a descubrir lo que le rodea. Mostrad interés por aquello que llama su atención y por las cosas que hace.
  • Sed expresivos y afectuosos: abrazos, caricias, dirigirle sonrisas… Incluso expresiones de desagrado o de enfado son importantes porque en esos momentos estamos prestándole atención.
  • Aprovechad las rutinas (baño, comidas, vestirse…) para compartir momentos, afectos y conversaciones.
  • Miradle a los ojos, situaros siempre a su altura y facilitadle que os mire.
  • Coged en brazos a vuestro bebé, el contacto piel con piel es fundamental.
  • Tomaos vuestro tiempo para conocerle, saber qué le atrae, qué le disgusta, qué le emociona, con qué cosas conecta. Cada niño/a es único/a.
  • Tened expectativas adecuadas. Ir conociendo cuáles son sus fortalezas pero también sus limitaciones es importante para ayudarle a crear objetivos y metas alcanzables.
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