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Malas notas

Malas notas

La terapia familiar sistémica es la corriente terapéutica que seguimos en nuestra clínica en el área de Psicología. Es un enfoque que examina los sistemas familiares y nos resulta muy útil a la hora de comprender las reacciones de los padres ante las malas calificaciones de sus hijos.

Los resultados académicos no determinan el valor y el éxito de un niño. Pensad en todas esas personas que han contribuido al desarrollo y la evolución de nuestro conocimiento y de nuestras sociedades, a veces también llamados genios/genias, y que no tenían un buen rendimiento en la escuela, como Albert Einstein, Bill Gates o Miguel de Unamuno (https://plateaformacion.com/genios-que-eran-malos-estudiantes).

La inteligencia emocional es fundamental para desenvolvernos en la vida, un aspecto importante de la educación, que se aprende tanto en casa como en la escuela. También solemos olvidarnos de la motivación, que juega un papel muy importante en el rendimiento académico; un niño desmotivado carece de interés en aprender. Padres, madres y profesorado deben trabajar juntos para aumentarla, especialmente en niños con dificultades de aprendizaje.

Cuando un hijo o una hija saca malas notas, los padres, naturalmente, quieren actuar. Pero actuar no siempre debe ser castigar. El castigo no es una herramienta de aprendizaje. Los obstáculos, los tropiezos, también son una oportunidad para aprender y evolucionar, pero para ello debemos mostrarles el camino. Por tanto, convirtamos la idea del castigo, que convierte a los padres y madres en agentes punitivos, en otra según la cual todos nuestros actos tienen consecuencias (algunas veces buenas, otras no tanto) y es importante hacerse responsables de las mismas. Disfrutamos cuando nos sale bien, aceptamos lo que sale mal y hacemos lo posible por cambiarlo (cuando se puede cambiar). Las consecuencias deben ser proporcionadas y constructivas. Deben ser firmes pero flexibles, pudiendo adaptarlas a las circunstancias de cada niño o niña. Y no deben generar daño; en ocasiones la presión a la que les sometemos es tremendamente perjudicial. Nosotras hemos comprobado que funciona mejor motivar que  castigar y muchos padres se sienten más cómodos cuando le ofreces la posibilidad de conseguir el mismo objetivo (que sus hijos aprueben) de una manera muy diferente.

Reforzar la conducta también puede motivar a los niños a mejorar sus notas. No olvidemos que estudiar para aprobar exámenes y hacer deberes son tareas a las que dedican muchas horas al día y a la gran mayoría de los niños no les reporta nada (no así aprender, es otra cosa muy diferente). Es importante que las recompensas no se basen en las puntuaciones que aparecen en el boletín de notas sino en el reconocimiento del esfuerzo, la mejora y el compromiso con el aprendizaje. A ello hay que sumarle su comportamiento, su colaboración en las tareas de casa, el cuidado de las mascotas… Además, estos refuerzos no tienen que ser materiales, no se trata de “comprarles cosas”, basta con saber que lo que más le gusta a los niños es la atención de sus padres y madres, por lo que seamos creativos a la hora de diseñar estos refuerzos.

En resumen, el momento de reacción ante las malas calificaciones de nuestros hijos puede ser aprovechado para fomentar su crecimiento personal, convirtiendo algo inicialmente malo en una oportunidad para hacer crecer su autoestima y confianza, motivándolos hacia mejores resultados.

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